12/4/20

Basta de confeti

Los expertos dicen que una columna debe arrancar con una situación que suscite la empatía del lector. En este caso me toca romper el esquema: creo que la España del aplauso está derivando en un clima festivo que nos ciega de lo que realmente está ocurriendo en nuestro país. El vatio, la guirnalda y la fiesta de pijamas son el becerro de oro de una sociedad que no quiere pararse a pensar en el mayor drama que hemos vivido como pueblo desde la Guerra Civil.


5/4/20

El virus de las familias

"Están todos contagiados. Toda la familia". A mi padre, como al resto de presentes, se nos paró ayer el trago mientras nos contaba a la hora de comer cómo el coronavirus había entrado en casa de unos conocidos y se había puesto las botas. Algunos, pese a su juventud, siguen entubados en una cama anónima. 


30/3/20

El precio de los abrazos

Tengo una amiga que pretende reencontrarse con su novio en un supermercado. Desconozco más detalles de esta reunión furtiva, pero le he recomendado que el choque de carritos, la cara de sorpresa y el beso tan esperado se produzca en el pasillo de los congelados. Será casi como una escena amorosa y de narices heladas en el estanque del Retiro mientras nieva. 



26/1/19

El otro pozo

Me comentaba anoche un amigo, también periodista, que el caso del niño del pozo ha tenido todo lo que los medios de comunicación necesitan para elevarlo a categoría de efeméride trascendental: protagonista vulnerable, hecho fatídico, cabos sin atar en el relato y un contexto tristemente desgarrador. La crónica negra siempre ha triunfado en este país, pero uno se pregunta qué enfermedad debemos compartir para que un accidente se convierta en el combustible de las televisiones durante casi dos semanas.


18/11/18

Mi padre es youtuber

No era la primera vez que me grababa, pero recuerdo especialmente aquella audición de junio de 2009. Con esa obra de Alain Crepin logré entrar al conservatorio, y mi padre decidió subir el vídeo a YouTube meses después. No era consciente en aquel momento, pero con aquella cinta de pésima calidad y ni tan siquiera final (se quedó sin pilas antes de que acabara de tocar) me convertí en el hijo de un youtuber.



14/10/18

Llorar en los toros

El coliseo es pequeño, acorde a las necesidades del minúsculo pueblo. Cuatro o cinco alturas en una grada desnuda, de un cemento tan agrietado como la provincia de Teruel. Solo hay sombra para los músicos de la charanga, que indican con toque de trompeta que el circo va a comenzar. El público abarrota el aforo. Sol de justicia y ausencia de viento. La arena pesa y las moscas abundan. El inconfundible olor animal se mezcla con el aroma a secarral agostense. Desde la última fila de la plaza se ve cómo los campos cercanos padecen el oleaje distorsionado que genera el espejismo causado por el calor.