12/4/20

Basta de confeti

Los expertos dicen que una columna debe arrancar con una situación que suscite la empatía del lector. En este caso me toca romper el esquema: creo que la España del aplauso está derivando en un clima festivo que nos ciega de lo que realmente está ocurriendo en nuestro país. El vatio, la guirnalda y la fiesta de pijamas son el becerro de oro de una sociedad que no quiere pararse a pensar en el mayor drama que hemos vivido como pueblo desde la Guerra Civil.




Si bien el espíritu del Resistiré ayudó a afrontar con esperanza el confinamiento en sus primeros días, hay barrios en los que la verbena y la chirigota han transformado la realidad y no parece que estemos atravesando una tragedia. En el aplauso sanitario debe ir comprimido todo atisbo de gozo, y más allá de esta solemne palmada nacional no hay hueco para el confeti. 

Lo cierto es que nuestros representantes, mientras se ponen y se quitan las mascarillas (esta semana dicen que toca llevarlas puestas), intentan que estemos de jolgorio y no rasgándonos las vestiduras. Que la televisión pública esté emitiendo una serie de humor sobre el encierro en cuarentena solo es posible con un determinado gobierno: el que se cree dueño de la cultura y los límites de la ironía. Uno de sus ministros, que creo que no hace nada, preguntaba hace dos noches en Twitter qué película convenía ver un Viernes Santo, si La vida de Brian o Jesucristo Superstar. Hubo quien le recomendó ver, ya que estaba bajo la manta de hipocresía, La vida de los otros, sobre la Stasi alemana.  

Mientras tanto, las comunidades autónomas ya han traído más del doble de material sanitario que el mando único de Illa, los muertos duplican los registrados en las inservibles hojas oficiales de Excel, el presidente se inventa estudios de Oxford que justifiquen su nefasta gestión y Ábalos continúa haciendo méritos para aparecer en esa dichosa serie sin gracia que nos han impuesto. 

Y, claro, quieren que en vez de fijarnos en esa isla de Nueva York donde están enterrando cadáveres a granel, nos quedemos a mitad de camino y nos imaginemos en el chiringuito dentro de unos meses, cuando-todo-pase. Pero los muertos cada día pesan más. Lo escribió Larra: "el cólera en algunas provincias sigue haciendo más estragos que un reglamento de censura".

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