30/3/20

El precio de los abrazos

Tengo una amiga que pretende reencontrarse con su novio en un supermercado. Desconozco más detalles de esta reunión furtiva, pero le he recomendado que el choque de carritos, la cara de sorpresa y el beso tan esperado se produzca en el pasillo de los congelados. Será casi como una escena amorosa y de narices heladas en el estanque del Retiro mientras nieva. 



Mi generación no estaba preparada para la guerra. Esto no es una guerra, pero lo que vendrá después sí tiene aires de posguerra. Reverte se quejaba hace quince años de que estos niños no tendrían su particular Sarajevo, pero todos recordaremos cómo fue el amor en tiempos de coronavirus. Dentro de unas décadas, la adaptación a la pequeña pantalla.

Quizá la generación más mimada de la historia aborreció el concepto de extrañar sin haber llegado a echar de menos realmente a alguien. Es posible que hayamos lanzado te quieros al aire por encima de nuestras posibilidades y que ahora no exista la mínima calidez en los susurros telemáticos que nos enviamos. Se presupone que el levantamiento del estado de alarma conllevará una revalorización de los mercados y también de los sentimientos: los abrazos serán más caros pero más sinceros. 

Del reclutamiento solo cabe esperar que mate al bicho y no al gusanillo que llevamos dentro y que se alimenta de los planes futuros. Nuestra edad ya es de por sí sísmica. En cuarentena, ni te cases ni te embarques. En mi caso, 17 días ya sin ver el exterior más que para construir Estado nación desde el balcón cada tarde a las 19:57. Será metafórico o no, pero ya aplaudimos de día.

Que de la juventud a la vejez se puede pasar en cuestión de horas es algo que quizá estemos aprendiendo de esta eterna tarde depresiva y con agrio sabor a domingo. Más que unas semanas, puede que se nos esté yendo el mundo en el que vivíamos antes del encierro. Aunque tampoco estoy tan mal, me decía otra confinada desde la distancia de su habitación ayer. ¿Será que el estoicismo que supura el rejuvenecido Dúo Dinámico es el primer paso para imaginar un verano en el que no haya que llevar escafandra de protección?

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