18/11/18

Mi padre es youtuber

No era la primera vez que me grababa, pero recuerdo especialmente aquella audición de junio de 2009. Con esa obra de Alain Crepin logré entrar al conservatorio, y mi padre decidió subir el vídeo a YouTube meses después. No era consciente en aquel momento, pero con aquella cinta de pésima calidad y ni tan siquiera final (se quedó sin pilas antes de que acabara de tocar) me convertí en el hijo de un youtuber.




Mi entrada en la banda hizo que mi padre se animara a continuar grabando los conciertos y, de vez en cuando, publicar alguno en internet. El objetivo inicial no era otro más que poder compartir mis actuaciones con aquellos que no podían disfrutar del directo. Mi abuela y mi abuelo, pese a que nunca llegaron a entender aquello del streaming, echaron más horas que nadie delante de la pantalla saboreando pasodobles, zarzuelas y sinfonías.

Poco a poco, mi padre cogió la costumbre de subir todos los conciertos en los que participábamos mi hermano y yo. La llegada de los primeros teléfonos inteligentes permitió que YouTube se convirtiera en una plataforma muy accesible, y el número de visitas aumentó considerablemente. Corroboré que mi padre además disfrutaba de ello cuando decidió comprarse una cámara de alta definición exclusivamente con este fin.

Allá donde fuéramos estaba mi padre de camarógrafo. La mochila del trípode ha recorrido varios países europeos, decenas de comarcas valencianas y multitud de salas de conciertos. Cuando no podía asistir a la cita, mi madre era la encargada de grabar. Yo mismo he llegado a darle al botón de play antes de subirme al escenario. 

A través de la lente han quedado entregadas a la eternidad interpretaciones antológicas, estrenos mundiales, homenajes póstumos y vítores emocionados. Pero también pequeños conciertos, audiciones regulares y obras olvidadas. Detalles mágicos que merecen la pena ser rebobinados infinitas veces. Sé de vídeos concretos en los que se puede apreciar en plena actuación una mirada cómplice que me erizó la piel, instantes en los que brotaron lágrimas y pasajes en los que nos temblaban las manos de la grandeza del momento. Sonrisas con el instrumento en la boca, respiraciones acompasadas y, en definitiva, músicos fundidos entre sí por las melodías y acordes que interpretaban al unísono.

Desde la directiva me comentan que hoy el canal es una hemeroteca sin precedentes en el mundo bandístico valenciano. No lo dudo: camino de diez años, 750 vídeos, 454 suscriptores y más de 365.000 reproducciones. Pero sé que es algo más que un archivo. Es el pequeño granito de arena que mi padre ha sido capaz de aportar a la banda, y yo veo reflejados en tan generoso trabajo los valores de constancia, dedicación, esfuerzo y sacrificio que desde pequeños trató de inculcarnos a mi hermano y a mí. 

Sirvan estas líneas, pues, de agradecimiento a l'Agrupació Musical l'Amistat por el reconocimiento otorgado a mi padre por su desinteresada colaboración con la sociedad a lo largo de esta última década. Y también a ti, papá youtuber: gracias.

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