8/5/18

Condiciones y condicionantes

Sanchis Guarner escribió hace años que el San Pío V no era un “lugar acondicionado” para acoger el Museo de Bellas Artes de Valencia. No es cuestión de contradecir al sabio, pero ojalá pudiera desplazar la losa de su nicho para comprobar que el Turia se ha secado y que a su orilla yace uno de los tesoros de la ciudad.




Superviviente de expolios, manos muertas y almas condenadas, la colección de retablos medievales da la bienvenida al curioso que se acerque al vecino de Viveros. Es uno de los fuertes del museo, aunque no su máxima fortuna. El delicado trazo sobre basta y primitiva madera evidencia la doctrina del cabezón medievo. Fueron estas las imágenes televisivas del siglo XIV, la creación de la figura divina en el moldeable cerebro del fiel analfabeto.

De forma suave se ha sabido representar la transición renacentista sobre estos muros. Los guías lo ejemplifican con el retablo en el que Miguel Esteve reproduce a su tocayo arcángel. El paso a una nueva concepción del mundo se divisa en su rostro, perfecto e incorrupto. Y eso que estuvo colgado durante nueve años en el despacho del presidente Camps.

El muestrario barroco es un joyero, mas no una joyería. Lo bueno, si breve. El toma y daca reformista y contrarreformista impone una exigencia en el arte sin precedentes. Ribera, Murillo, Ribalta, Valdés Leal, Velázquez. Luego llegan Goya y Meléndez. Séptimo de Caballería. Todos están en el San Pío V. No son sus más destacadas obras, pero brillan pese a su tenebrismo. Son retratos inusuales, obras de juventud. Incluso bodegones. De esos que demuestran que retratar comida llegó antes que Instagram.

Solo Sorolla descansa en sala propia. Rótulo inmenso con letras doradas, paredes azules como el mar que él, junto a Blasco y Benlliure, regalaron a la posteridad levantina. Su temática, diferente: paisajes, retratos y cartelismo. Su técnica, la misma: trazo grueso pero con criterio.

Dado lo contemplado y, sobre todo, lo no contemplado por falta de tiempo y conocimiento, a uno le asalta el escalofrío estomacal del que corrige al maestro. ¿Está poco acondicionado el San Pío V para acoger el arte, o está poco acondicionada Valencia para acoger al San Pío V?



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