15/4/18

Dos por ciento

Hace unos días, entró un teletipo en el ordenador de la redacción que llevaba por titular algo así como que un estudio confirmaba que solo el dos por ciento de los alumnos de bachillerato escucha la radio. No me atreví a leer el cuerpo de la noticia porque me invadió una pena tremenda al remontarme a los años de instituto y sacar mis cuentas sobre qué porcentaje debía ser yo solo entre todos los de la clase. 





La radio jugó un papel especial durante aquellos dos cursos de adolescencia explosiva. A las ocho y cinco de la mañana, y entre bostezos y repasos de apuntes arrugados en mano, mi padre nos llevaba a Kike y a mí al instituto. Unas veces sonaba la Máxima; otras, Losantos con su airada y potente homilía matutina. Yo aprovechaba habitualmente para lanzar alguna que otra sonrisa a través del cristal a una chica con la que me cruzaba a diario y solo necesitábamos mirarnos para hacer nacer el sonrojo en ambos. Años más tarde, le confesé que la armonía que transmitía aquel contacto visual se veía alterada en mi caso por un tema de Armin van Buuren rompiendo el bajo o por la voz más polémica (y certera) de las ondas mentando a la familia de algún político a grito pelado. No solía bajar las ventanillas. 

En el bar del instituto siempre estaba puesta la radio. Paco ponía la SER, si no recuerdo mal. El primer día después de Navidad, en una hora muerta en la cafetería me enteré del ataque a Charlie Hebdo gracias al transistor. Fue el primero de muchísimos atentados que he seguido, y la radio siempre ha estado presente en todos ellos. También fue entre aquellas cuatro paredes, y posiblemente con un bocata de bravas entre las manos, donde conocí que un avión de Germanwings que salió desde El Prat se había empotrado contra una montaña provenzana. Meses más tarde, el artículo de opinión al que me enfrenté para acceder a la universidad trataba sobre aquello. Probablemente el hecho de escribir hasta el nombre de Andreas Lubitz, piloto que causó deliberadamente el impacto, fue lo que me permite hoy decir que estoy acabando Periodismo. O que soy un friki.

Este porcentaje tan bajo, no obstante, me duele pero no me sorprende. Simplemente ha sido la confirmación de algo que imaginaba. Hace unos meses, un profesor preguntó, algo ilusionado, si consumíamos radio más allá de las emisoras de música o fútbol. Si nos informábamos o seguíamos habitualmente algún magazine. El grupo, que era pequeño y formado por alumnos de varios cursos, enmudeció. Yo también. Me arrepiento de no haber tenido el valor de decirle lo importante que había sido para mí la radio desde siempre. Ni de que por aquel entonces se me podía escuchar en la segunda emisora del país. Cero por ciento.


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