31/3/18

Muy buenos tíos y tías

Me aseguraba Arcadi Espada cuando le entrevisté que las nuevas imputaciones a Francisco Camps no chocaban en absoluto con la tesis de su libro. Que ponía la mano en el fuego por él y por su inocencia y que, por encima de todo, dormía tranquilo sabiendo que todo el revuelo generado estaba suponiendo una campaña propagandística para el ensayo Un buen tío que ríase usted de las gigantes publicidades de Netflix en la Puerta del Sol. No sé cómo habrá reaccionado (o cuántos saltos de alegría habrá dado) al enterarse de que a Gürtel le están apareciendo hermanitos.






Una voz autorizadísima me dijo la misma mañana del miércoles que se sabía, que era obvio que la financiación de los partidos en la época de vacas mórbidas había sido un descontrol. Ahora, cuatro juzgados valencianos investigan presuntos delitos de malversación, prevaricación, falsedad y delito electoral en las campañas de PSPV y Bloc entre los años 2007 y 2011. Son conceptos y tiempos que indudablemente nos hacen recordar aquel equipo autonómico del PP que pasó de construir la capital de un imperio en Valencia a ser considerado organización criminal. No obstante, es pronto para sacar conclusiones y hay que dejar que la justicia empiece a abrirse camino entre tanto fango.

Nada exime a los populares del guante blanco. Las pruebas y las sentencias corroboran la mala gestión de aquellos años. Ni siquiera es cuestión de sentir compasión ahora que comienza a ser divisable que los que lograron acabar con el monopolio de la derecha en las urnas valencianas en 2015 actuaron de la misma forma durante la misma etapa. Y encima, para perder las elecciones, como aseguraron, encogiéndose de hombros, desde el PSPV.

Ni eximir ni compungirse, pero sí ser ecuánimes: lo que estamos conociendo debería situar a la misma altura en la escala de valores al PP, PSPV y Compromís, pese a que Oltra ahora establezca distinciones entre formaciones internas. Solo Podem, que va a apretar a sus socios de gobierno para depurar responsabilidades, y Ciudadanos, que sigue al alza pero apenas se ha pronunciado sobre esta cuestión, esquivan el señalamiento y podrían verse beneficiarios de tal situación. 

El PP puede lograr el premio de consolación, que no es otro que no ser el único salpicado por el estiércol del pasado. Aún así, será complicado que la campaña mediática, casi paramilitar, de derribo táctico alcance las cotas y estructuras que se vieron con Camps, Barberà y compañía. Esperemos, en honor al teorema arcadiano, que en este nuevo capítulo que nace de la política valenciana el periodismo actúe en función de los tribunales, y la información no sea directamente justicia. Seamos buenos tíos. 









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