8/11/17

Una noche con Trump

No dormí durante la noche que Trump ganó. Y no fue por nervios. Quería observar el lento y profundo escribir de la historia sobre mi piel. Encendí la televisión a las tantas de la madrugada, donde no hizo falta sintonizar a Ferreras, y abrí Twitter en el portátil. En otra ventana busqué a los Lakers, que jugaban en no sé dónde. Como un quinceañero, compartí en todas mis redes que la vocación me había arrancado de la cama y que dormir, más que nunca, era de cobardes.





Conforme la sorpresa que ya todos conocemos se iba confirmando, mis posibilidades de dormir apenas un minuto se desbarataban. A la mañana siguiente, que para mí fue una continuación de la madrugada que tradujo mi día en un no-parar de 36 horas, asistí en persona a ver cómo periodistas del calibre de Paula Guisado, Juan Luis Manfredi o Jesús Escudero no daban crédito a lo que había ocurrido. Un congreso sobre periodismo de datos después del más grande fracaso de las encuestas.

He de reconocer que cometí un grave error en aquella ocasión: escribí una columna la tarde de antes de las elecciones para publicarla tras los resultados. Daba por vencedora a Clinton. Todo por ahorrarme faena. Aún la conservo. La leo de vez en cuando para imaginar el mundo de otro color, aunque no cambie el sabor. Y para no volver a confiar en mis dotes de prestidigitador. Se cuenta lo que se ve, lo que ocurre; no lo que crees que ocurrirá. Lección aprendida.

La verdad es que he crecido mucho durante el año que hoy se cumple. Diré lo típico de que soy más sabio y maduro, pero también menos ingenuo. Trump aquella noche me hizo no fiarme de nada y esperar cualquier repuesta de este mundo ya tan ilógico. Ayer mismo, sentado en una silla que nunca soñé calentar, leí que en un solo día, la Comunidad de Murcia había multado a 19 camioneros por dar positivo en drogas. Uno de ellos incluso conducía un camión cargado de propano. Parpadeé y pasé a la siguiente noticia.

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