26/3/17

Un brindis por Murcia

Hacía años que Murcia no ocupaba tantas horas de share televisivo. Desde que Camacho dejó de aparecer anunciando apartamentos en Cartagena, la región se encontraba en un segundo plano mediático. Pero la bendita corrupción volvió a colocar a la tierra de los michirones en el ojo del huracán que es actualmente la política española.


El Partido Socialista impulsó el viernes una heroica moción de censura contra Pedro Antonio Sánchez, acortando la agonía de los murcianos pero complejizando las condiciones del ultimátum: Murcia no debe ir a nuevas elecciones. El grupo podemita de la región, mucho más silencioso y discreto de lo que nos tiene acostumbrados, apoya a los socialistas. Para formar gobierno solo necesitan la aprobación de Ciudadanos, que deberá decidir si apoya la coalición de izquierdas o espera a que el Caso Auditorio se archive.

No obstante, la encrucijada en la que se ha querido colocar a Ciudadanos no es más que una patraña. Una inexistente farsa que pretende colgar el muerto a la derecha en bloque. Pero como bien señala la misma derecha, hasta que no se abra el juicio oral contra Sánchez, el muerto sigue dando coletazos.
El PSOE se lava las manos. Ha hecho todo lo que ha podido. Ha arrastrado incluso a Podemos hacia su maquiavélico plan. Por esa misma y malévola compañía, Ciudadanos prefiere no entrar en el juego y esperar a que la justicia decida, sin prisa, cuando se termine la caña el juez que charla con un dirigente del PP a la sombra de una terraza.

Los socialistas sabían desde el primer minuto que Ciudadanos no apoyaría su proyecto. Ha sido todo un gesto simbólico, un brindis al sol. Como el intento de investidura inexistente al ya renacido Pedro Sánchez hace unos meses. Promover algo sabiendo desde el inicio que no tienes apoyos no es política, es marketing. El Partido Socialista necesita volver a ilusionar a su militancia, hacer ver que sigue decidiendo en política, que tiene los mandos, que conduce el autobús (tolerante, inclusivo y sin mensajes) de la izquierda por las abruptas sendas que la derecha diseña. Además, deja en evidencia a Rivera, que prometió romper el pacto nacional si no se eliminaba a todo cargo corrupto de las instituciones.


Mientras tanto, el expresidente de Murcia, Alberto Garre, ha pedido la baja del Partido Popular debido al clima “irrespirable” y a la “fosilización” del partido. Rajoy, que sigue con su vida rumiante y pastoril, confía en que el lunes se archive el caso para poder volver a ser coronado como vencedor de una batalla en la que nuevamente ha sido quien menos ha luchado. La táctica le sigue funcionando.

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