27/10/16

Probándonos disfraces

El americanismo vuelve a ser tendencia. Y no se crean que es por las elecciones más reñidas y contrastadas que se recuerden, eso qué más da. Es Halloween, la fiesta que nuestros políticos cada vez se animan a celebrar más, ya sea por sus fantasmadas, caretas o el constante "susto o muerte" en el que viven desde hace semanas.




Mariano Rajoy tiene claro su atuendo: de diablo, porque sabe más por viejo que por diablo. La prudencia y serenidad ovejil que caracterizaron su discurso ayer se han vuelto a apreciar hoy en su réplica a Antonio Hernando, y, sobre todo, a Albert Rivera. Sin embargo, ha dejado levemente de lado su humildad para responder a un subido Pablo Iglesias. La capacidad de transformarse en pedagogo y contestar con una naturalidad impasible todas y cada una de las piedras que el vallecano le lanzaba ha convertido su duelo dialéctico en la perla de la jornada. Sin embargo, su galleguismo siempre inesperado e incluso exacerbado se ha convertido en un buenismo y colegueo con el líder de Podemos. Las bofetadas casi acaban en besos y caricias. Para complementar su disfraz, ha conseguido un tridente, en el que el color rojo juega un papel fundamental.

Antonio Hernando hoy ha tratado de disfrazarse de izquierda. El rol del portavoz del PSOE esta mañana ha sido un auténtico papelón: recordar con pinceladas históricas y puntillismos actuales la virilidad del socialismo español. No podía faltar la mención, ya casi mecánica, a los 137 años de historia del partido. Se puede considerar un buen discurso, en el que se han propuesto medidas reales y "pactables". La pega: han atacado duramente al PP, y han asegurado que la abstención no es sinónimo de gobernabilidad ni estabilidad. O sea, que permiten a Rajoy gobernar para ponerle las cosas complicadas. Han sido, como cabría esperar, nuevamente desmontados vía Twitter por sus señorías podemitas. Pedro Sánchez, por cierto, ha sido el centro de atención una vez más con su disfraz de muerto, muy conseguido y caracterizado.

Es en el partido morado donde más dudas existen sobre cómo disfrazarse. Pablo Iglesias había pensado en vestirse de profesor de historia, que ya da bastante miedo. Las Brigadas Internacionales, el régimen del 78 (para referirse a la Transición), las experiencias socialistas en tiempos de Franco o la comparación de los resultados electorales de Alianza Popular con los de Podemos en sus dos primeros años de vida han confirmado que el determinismo histórico, como buen marxista, está entre sus principios. Posteriormente, él y sus chikos han propuesto la idea de disfrazarse de clowns, la macabra tendencia que ya está llegando a nuestro país. El miedo y el temor, desde ese momento, son los términos que se han apoderado del discurso. Además, los terroríficos payasos realizan toda su actividad en la calle. No sería extraño encontrar algún joker tratando de rodear el Congreso en los próximos días. Saben, por último, que no existe en España un Batman capaz de frenarlos. Rajoy es demasiado bueno y benévolo. A última hora, el grupo parlamentario se ha probado el disfraz de fantasma, y ha hecho amago de abandonar el hemiciclo ante las sangrientas palabras de un vampírico Rafael Hernando, que ha mordido la hinchada yugular de Iglesias.

A Albert Rivera, por su parte, se le nota metido en la fiesta norteamericana. Para empezar, ha alardeado nuevamente de su patriotismo, pero exageradamente, hasta casi alcanzar proporciones yankees: Las cañerías de Suárez, los tiros de Tejero, los padres catalanes de la Constitución. Todo ha sido una réplica al determinismo de Iglesias, de lo que se deduce que este Halloween el líder de Ciudadanos se disfrazará de monaguillo de Rajoy, tal y como invitaba, hace unos días, el arzobispado de Cádiz. Su discurso ha comenzado con mucha fuerza pero ha ido perdiendo calidad, probablemente porque las réplicas y contrarréplicas eran innecesarias. Eso sí, la oportunidad de sacar a la palestra la cuestión catalana, perdida. Hoy se ha pasado de puntillas el tema, ninguna de las cuatro grandes representaciones ha hecho énfasis en él.

El resultado de la jornada es el esperado. Las 180 calabazas iluminan con tétrica sonrisa el hemiciclo durante las dos próximas noches.
Pero, como todos sabemos, el mejor disfraz suele ser el que no se conoce hasta el último momento, y da la sorpresa. El grupo socialista mantendrá en vilo hasta el sábado sus máscaras. Aunque existen quinielas y apuestas, no se sabe a ciencia cierta quién se disfrazará de abstención y quién de monstruoso y temido "no". El porcentaje y desarrollo de la segunda votación ayudará, o no, a esparcir definitivamente las cenizas de la izquierda clásica española, por mucho que ahora Borgoglio evite el panteísmo.


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