30/10/16

Lo llaman "democracia" y no lo es

Tras la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y Rusia comenzaron una carrera nuclear que dio como resultado, tras varios años, la cancelación de todo proyecto de bomba de hidrógeno o de fusión. ¿El motivo? La propia búsqueda de la bomba perfecta había llegado a un punto de no retorno: las dos potencias habían diseñado bombas con las que aniquilarse a sí mismas.
La democracia, que también es un proceso de fusión y fisión atómico en lo social, está comenzando a vivir también ese miedo a la autodestrucción. Las libertades que la democracia promete pueden ser empleadas para acabar definitivamente con ella. El epílogo lo llaman algunos.




La  tarde otoñal madrileña que coronó la primera investidura por coalición de la historia de España será recordada por diversas cuestiones que demuestran que la democracia, por lo menos en nuestro país, comienza a ser decadente. 

Las lágrimas reptiles de Pedro Sánchez y su deseo de recorrer España en coche, por ejemplo, no son más que la excusa con la que no aceptar el resultado de la investidura, ergo de su partido. Esa actitud no es democrática. Dimitió como Secretario General para acabar volviendo. Pero no se ha dado cuenta que, al investir a un Presidente, el juego está dentro del Congreso, y él, ahora, está fuera. No se descarta que en breve comience a plantear su biopic. Historias reales tan dramáticas merecen ser contadas.

Fuera del Congreso también están esos manifestantes no concentrados por Unidos Podemos, pero sí portadores de pancartas con el logo de IU, donde se puede leer "Ante el golpe de la mafia, democracia". La nueva política posee, a diferencia de la carca Gran Coalición, el don de la ubicuidad, para estar en misa y repicar a la vez. Pueden estar dentro del Congreso jurando la Constitución, mientras sus partidarios pretenden rodearlo para evitar un golpe de Estado. Lo llaman "golpe de Estado" porque se trata de una coalición que no han organizado ellos, obviamente. La coalición por el Ayuntamiento de Madrid o el Pacto del Botánico son símbolos del cambio y de progreso, pero no golpes de Estado. La manifestación, tampoco muy masiva, pero que trata de evitar una "investidura ilegítima", obviamente, tampoco es un golpe de Estado. Es el pueblo, que tiene derecho a expresarse a través de formas no convencionales. En Caracas, por cierto, son fascistas. Doble rasero.

La democracia también se flagela cuando se abusa de la libertad de expresión. Si no, que se lo digan a Rufián o a Matute, de ERC y Bildu, respectivamente. Sus dos discursos destacaron entre la demagogia y la mediocridad por sus tonos insultantes, pedantes e irrespetuosos, ambos dirigidos hacia el puzzle que es ahora la bancada socialista. El catalán, desafiante, narró testimonios de socialistas que acusaban a sus dirigentes de traidores. El vasco solo citó fechas de la historia reciente de Euskadi. Ni una mención a las víctimas de ETA, sí a los GAL. Doble rasero, otra vez.
Solo la salida de un triste Antonio Hernando, en defensa de su partido, consiguió que el socialismo volviera a recuperar algo de fuerzas. PP, Ciudadanos y PSOE ovacionaron la queja del portavoz. Ciudadanos, en su afán por recobrar el honor de la Transición española, recriminó a los de Podemos, con su silencio, apoyar las barbaridades contadas por ambos oradores. Visualmente se distinguió el constitucionalismo. 
Rufián, por cierto, salió a dar las gracias a todos los manifestantes que aún aguardaban en los exteriores del Congreso. Al mismo tiempo, a Begoña Villacís, mientras salía del hemiciclo, varias latas de cerveza le pasaron cerca de la cabeza. "Esto, efectivamente, no es democracia", comenta su compañera Melisa Rodríguez en el vídeo colgado en las redes.

El nuevo Gobierno lo tiene difícil para sobrevivir. La cara de Rajoy lo dice todo. Ciudadanos va a jugar un papel importantísimo, ya que va a ser quien alargue o recorte la soga del cuello del gallego. El PSOE debe ser consciente de la decisión que ha tomado, y volver a visualizar cuál es su norte y ver a quién hay que ponerle las cosas complicadas realmente. La nueva oposición es Podemos, y su carácter revolucionario obliga a echar mano de la movilización de masas para mantenerse vivos. Y ahí está el verdadero problema del nuevo Gobierno: la calle no puede ser oposición.

No hay comentarios:

Publicar un comentario