23/10/16

Férreo Ferraz

Es el tiempo y la distancia física lo que nos ayuda a valorar correctamente las cosas. Las opiniones de terceros, exentos de implicación en nuestros problemas, nos aportan objetividad y raciocinio, serenidad y reflexión, ante el temperamento, nerviosismo y agitación con la que solemos actuar en las ocasiones que requieren importantes decisiones. Es así como intentamos evitar el ridículo y los errores garrafales, corregibles pero eternos en la memoria. 
Desde el otro lado del televisor, observamos con frialdad que en Ferraz muy pocos son conscientes de la emergencia nacional, mientras ellos siguen tropezando, día tras día, con sus propias piedras.




La votación llevada a cabo hoy en el Comité Federal del PSOE, que ha concluido con la decisión de abstenerse en la segunda ronda de la próxima investidura, ha sido el último show del circo al que nos tiene acostumbrados el partido en los últimos meses. Las declaraciones de importantes nombres como José Blanco o César Luena, en las que se asegura que ha sido una reunión limpia y discurrida, tratan de restablecer un orden y normalidad que no existe. La fractura interna es grave, y puede que siga creciendo.

Tal es el nivel de esperpento progre, que aquellos que votan a favor de la abstención tienen que hacerlo con las manos en alto, sosteniendo una bandera blanca y asegurando no ser herejes, como Eduardo Madina. Parece que en el ideario socialista tan solo exista la consigna #NOalPP, ya retrógrada, guerracivilista y ciertamente arcaica, dados los tiempos que corren. El concepto de política ha evolucionado, pero da la sensación de que no todos se han dado cuenta. Ahora, los pactos son la única vía de entendimiento, y acercarse a la derecha (siempre y cuando se asegure, como es el caso, no estar a favor de ella) es el claro gesto que demuestra los principios socialdemócratas y cercanos al centro. Permanecer en el "no" hunde definitivamente al partido, que sería engullido por las nuevas emergencias. Una Izquierda Unida grande, como diría Susana Díaz.

El último enigma que queda por esclarecer en el 13, Rue del Percebe madrileño es cómo será la abstención. Como no podía ser de otra manera, incluso en este apartado siguen existiendo discrepancias. Mientras que Javier Fernández asume que el grupo parlamentario se abstendrá en bloque, el PSC o la maña Susana Sumelzo exigen libertad de conciencia, o lo que es lo mismo: indisciplina de voto. Iceta, una vez más, implorando  por Dios que se le salve del Partido Popular. No se da cuenta de que el mal (como diría él, entre gritos), ahora mismo, está a su izquierda, y no frente a él. Uno más que confunde "enemigo" con "adversario".

Definitivamente, y a las pruebas remito, el PSOE ha demostrado no entender las nuevas reglas del juego. Si bien el nacimiento y auge de los nuevos partidos es fácilmente relacionable con la desconfianza generada por la corrupción del Partido Popular, la situación de bloqueo que ha caracterizado 2016, de principio a fin, es la simplería, egoísmo, narcisismo y cainísmo del Partido Socialista.

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