14/10/16

Bulos

Hoy he recibido, a lo largo del día, diversos inputs que me han transportado, subconscientemente, al pasado. Como si me tratara de Zaratustra al descubrir el eterno retorno, vuelvo a tener noticias de las crudas historias del pollo de KFC con gusanos, de la banda latina que circula con las luces apagadas, o de la chica que se despierta con un corte y una carta de bienvenida al club del sida. La vida ya es demasiado dura como para encima creerse mentiras cíclicas.




La primera vez que oí hablar de estas tres historias fue hace seis o siete años. Cayó en mis manos un libro tan aterrador como extrañamente hipnopédico. Era del experto en leyendas urbanas Jan Harold Brunvand, y se llamaba Tened miedo... Mucho miedo. Los tres bulos citados aparecían entre sus páginas, obviamente con ligeros matices y cambios. Lo que hace fuertes a estas historias es su intemporalidad y su facilidad para ser extrapoladas a nuestros días y nuestro entorno.

Pero en algún momento habrá ocurrido una historia real que haya dado pie a la leyenda negra, ¿no? No tiene por qué. Cuando ocurren sucesos de este calibre, suelen denunciarse los hechos y se desarrolla una investigación, fácil de seguir a través de medios o hemerotecas. Las principales causas que explican, por tanto, el surgimiento de estos bulos son las sucias estratagemas del corporativismo norteamericano (Coca-Cola, McDonalds, Starbucks o KFC son constantemente atacadas por conspiraciones generadas por la competencia) y, sobre todo, el miedo y la ignorancia ante los problemas sociales que marcan cada época. Ejemplos de ello son la psicosis que generó el mundo de la droga en los 80 y 90 (de donde viene la leyenda del contagio pasivo y con rintintín del sida), o el miedo a las bandas latinas, ya entrado el actual siglo. Los de mi generación recordarán, espero, la Corbata Colombiana o la Sonrisa del Payaso. Temíamos porque desconocíamos.

La edad, la madurez y los conocimientos que uno va adquiriendo progresivamente refuerzan el sentido crítico. Si además eres (o tratas de ser) periodista, aprendes a desconfiar de todo hasta poder confirmarlo con tus propias fuentes, sentidos y valores. 
Vivimos en un mundo en el que seguimos siendo manipulables a través del miedo. Debemos construir muros de cemento y no de paja, para que, parafraseando la historia de los trillizos porcinos, el viento sople y no nos hunda, no nos desestabilice. 
La Policia Nacional recuerda y aconseja no difundir ni pasar bulos, ya que el "boca a boca" ahora es más rápido que nunca, gracias a los trinos, gorjeos y piadas de los 140 caracteres. 
Yo recomiendo, además, leer. Leer para, en un recuerdo a la ética juanpabliana, no tener miedo.

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