3/9/16

Tres días para Terceras: Día 3

El gol de Iniesta, los cabezazos de Sergio Ramos en el descuento, aquel Liverpool de la final de Champions en 2005... El fútbol nos tiene acostumbrados a esperar hasta el final. Hasta el rabo todo es toro. 
Pero la política no es el fútbol, y estos toros de Guisando, con el rabo entre las patas, están más fijos, anquilosados e inmóviles que los propios leones del Congreso. El patíbulo del hemiciclo ha sido, durante los últimos días, una exposición de encinas y olivos milenarios.





Pésima y triste jornada vespertina en el Congreso. Los discursos, más cercanos que en días anteriores a lo que se puede entender como ya una precampaña, a excepción de los nunca dados por vencidos independentistas, representados por unos Esteban y Rufián siempre peleones y cansinos en cuanto a temática.

Tal conformismo y aceptación de algo presuntamente inevitable se materializó de la misma forma que 48 horas atrás: 180 noes que piden, cual cadena humana de manifestantes, que las derechas austeras y mentirosas no gobiernen este país. Las únicas alternativas posibles antes de una catártica y apocalíptica jornada electoral en Navidad pasan por una negociación con el PNV tras las elecciones vascas —muy improbable, tras la actitud mostrada por Aitor Esteban estos días— o una coalición PSOE-Podemos-Ciudadanos, que salvaría la cabeza de Sánchez ante los linchadores de su ejecutivo, y en donde el partido de Albert Rivera sería tratado como una simbiosis de hermana fea e hijo pródigo. 
En el PP, por su parte, no se plantea la dimisión de Rajoy, pese a la constante insistencia del resto de partidos en la necesidad de una sucesión. El último en sumarse a la petición, Felipe González.

De este teatrillo del absurdo que ha sido la segunda sesión de investidura fallida en lo que llevamos de año se extrae una gran conclusión: la clase política española, esa fauna autóctona que pasta en el hemiciclo, vive al margen de la realidad. Han demostrado, todas y cada una de sus señorías, que no están realmente comprometidas con la situación en la que se encuentran ellas y por consiguiente, nosotros—, y siguen estirando, cual chicle de McGyver.
Los partidos políticos han iniciado hoy una campaña electoral innecesaria, que nadie desea y que vamos a pagar entre todos en forma de más de un año a la deriva. Un panorama irreal. Nos hemos aprovechado del buenismo y la libertad que supone la democracia. La nueva política es ahora un bucle, un agujero negro sin salida ni solución. El tobogán que ha llevado al exministro Soria a un puesto en el Banco Mundial, el reculeo del PP para tratar de cambiar la fecha de unas elecciones que maquiavélicamente habían preparado ellos, el cambio constante de chaqueta de Rivera y sus virajes estacionales, la visión que The New York Times muestra sobre España en sus editoriales —prueba del ridículo internacional que esta pataleta entre niños está suponiendo—, o la fuga de diputados antes de que acabara la votación—el finde es lo primero corrobora que el plano político nacional es, ahora mismo, un sinsentido.

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