31/8/16

Tres días para Terceras: Día 2

Los amodorrados que cayeron bajo los narcolépticos efectos del discurso vespertino, en forma de ladrillo, del Presidente en funciones no habrán madrugado hoy. El blando Rajoy no fue más que una estrategia para que los diputados, al igual que los espectadores, se confiaran y pensaran que aquella actitud lánguida, mecánica e institucional iba a extenderse a las jornadas siguientes.
La realidad ha sido otra, y lo que podría ser una apacible crónica parlamentaria, tal como ayer, se asemeja más a una de las fabulosas crónicas pugilísticas de Manuel Alcántara. Así ha sido lo que podría catalogarse como una sesión de "embestidura".





La segunda de las tres partes que compondrá esta sesión de investidura la ha iniciado un frenético y nervioso Pedro Sánchez, que ha salido al estrado cual toro de Guisando. Se ha mostrado muy directo desde el principio de su intervención: ha dejado claro su no pero ha elidido si propondrá una alternativa de gobierno de izquierdas. Ha arrancado aplausos desde el primer minuto y ha utilizado frases y frases de Rajoy, utilizadas para desbancar su anterior propuesta de investidura. La sensación que transmite es que ha comenzado la precampaña de unas nuevas e irrebocables elecciones.

Con Pablo Iglesias, la tensión ha aumentado. El enfrentamiento con Rajoy ha sido más directo, precisamente por la actitud agresiva que el líder de Podemos muestra cada vez que sube a la tarima. Sus tópicos relacionados con la memoria histórica, los ministros franquistas fundadores de la derecha española y sus constantes ataques a expresidentes del Gobierno ya no tienen pegada y son previsibles por sus adversarios. Sus formas mientras se dirige al palco, así como los gestos de desaprobación hacia aquellos que tienen la palabra, confirman la poca elegancia parlamentaria del vallecano y sus chikos.

Albert Rivera ha sido el más flojo de la jornada matutina en el Congreso. Solo en la última parte de su discurso ha dado datos concretos sobre sus propuestas y objetivos. Anteriormente ha demostrado un ejercicio del perfecto camarerismo cuñadil al que nos tiene acostumbrados, haciéndose querer por todos. Detrás del personaje que se cree el héroe de la regeneración hay, de momento, un arreglaparroquias mesiánico que se aparta del enfrentamiento directo al que invita el Parlamento y que resulta pegajoso y ciertamente cursi al repetir varias veces que no tiene enemigos, sino compatriotas. Tan solo el reconocimiento a González y Suárez, desprestigiados e insultados por Iglesias, le ha hecho merecedor de una ovación por parte de un sector de la grada.

El Mariano Rajoy que ha aparecido hoy en el Congreso poco tiene que ver con el Mariano paisaje que vimos ayer, sesión en la que, simplemente, se dejó ser. Hoy ha demostrado, y a las pruebas remito, que el hecho de ser el único representante de la vieja política entre los cuatro grandes lo convierte, si no lo era ya, en el parlamentarista por excelencia. 
Su claridad, solo alterada ligeramente por alguna de sus célebres tautologías, añadida a su irónico pero inteligente galleguismo ha permitido que sus respuestas fueran inesperadas y ciertamente burlonas, lo que ha generado cierto desequilibrio, sobre todo en Sánchez e Iglesias. Sus pinceladas históricas, como la justificación de la seguridad territorial y social que implica el Tratado de Roma, además literarias e intelectuales, como la corrección a Xavier Domènech acerca de la postura de Azaña sobre la autodeterminación, citando la Velada en Benicarló, le convierten, de forma evidente, en el mejor jugador a la contra de todo el hemiciclo. Su respuesta a Joan Tardà se considera uno de los mejores discursos que ha pronunciado nunca: convencido, muy férreamente, de la democracia y la necesidad, por encima de todo, de su estricto cumplimiento.

Tras el resultado fallido de esta primera investidura, toca esperar hasta el viernes, cuando una mayoría simple, pero difícil de conseguir, se convierta en la única bala que le quede al pacto entre PP y Ciudadanos para lograr gobierno, como mínimo, hasta las elecciones vascas.



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