30/8/16

Tres días para Terceras: Día 1

Son las cuatro menos cuarto de la tarde, y el sol rebota contra el madrileño suelo de Floridablanca, lo que crea una angustiosa sensación a aquellos que cruzan la vía para entrar al Congreso. Teces morenas, corbatas mal puestas y poco interés para lo que ha sido el retorno al hemiciclo, con el hipotético objetivo de formar gobierno. 
Lo que ellos, nosotros y todos sabemos, y más tras analizar la primera de las tres partes de esta sesión de investidura, es que no es más que un trámite para poder lanzar la candidatura y enfocar hacia unos terceros comicios.




36 páginas ha ocupado el discurso de Mariano Rajoy. Una hora y 20 minutos de largas y monótonas frases, solo equiparables a sus homilías posteriores a las grandes cumbres europeas. Ni una mención directa a Sánchez, Rivera o Iglesias, a los que ha intentado sustraer la abstención por cansancio, desgaste y rendición.

El Presidente del Gobierno en funciones ha propuesto su investidura basándose en tres razones: es obligatoria la formación de un gobierno a estas alturas, su partido es la fuerza más votada, y no hay una alternativa consolidada, por mucho que los Llamazares, Garzones, Serrats y Millases publiquen manifiestos, que más que alternativos, son la pura esencia del antiderechismo inapelable, incuestionable e irrefutable. De la tolerancia y el diálogo, no tanto.

Otro aspecto llamativo de la intervención de Rajoy ha sido su constante agradecimiento a los partidos que le han dado el , y su poca agresividad en general. Su tono ha sido muy mecánico, constante y bajo. Solo al defender la unidad territorial ha mostrado una cierta pasión y fuerza en sus palabras y gestos. El falso enfoque de el empleo como pilar fundamental del discurso, roto por la cuestión catalana justo al cumplirse una hora del inicio del sermón, puede traducirse como la única estrategia en pos de remover conciencias de cara a la votación de mañana. 
La alusión a la Pepa, además del reconocimiento del peso de todos los españoles por igual en esta cuestión, así como del sentimiento de unidad, se puede considerar como la única intervención directa que Ciudadanos ha podido tener en el discurso de esta tarde, pese a la abstracción y seriedad que mostraban las caras de la formación naranja, sin aplaudir ni reaccionar ante los temas en los que ambos partidos comparten compromisos y objetivos.

Así termina la primera de las tres jornadas que forman la sesión de investidura. Un lleno absoluto en el Congreso, con tal de presenciar un monólogo teatral del que ya se sabía todos y cada uno de los puntos que lo forman. Mañana es el día realmente, donde puede escribirse una nueva página de la historia de nuestro país, ocurra lo que ocurra. De hoy, lo más llamativo que se puede extraer, entre bostezos y algún diputado buscando pokémons, es el conjunto rosa fluorescente de doña Alicia Camacho. Un guiño, quizá, al ya enterrado magenta que un día habitó escaños. 


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