23/8/16

Reflexiones de un marciano

Los Juegos Olímpicos nos han dejado decenas de instantáneas para el recuerdo. Sin embargo, ninguna habrá sido tan comentada, opinada y tuiteada como la del partido de voley playa entre alemanas y egipcias. Una foto de contrastes que ha sido exprimida, retorcida y troquelada hasta la saciedad, dando lugar, más de diez días después, a una continua comidilla mediática sobre el burkini, la opresión patriarcal y otros derroteros, lejanos ya de las blancas arenas de Copacabana.




La foto llegó a las portadas por la vestimenta egipcia. En un partido de voley playa no es lo típico, ni probablemente lo más cómodo, usar velo ni largas vestimentas. Además, es una clara evidencia del trato desigual que reciben en su politizada religión. "Lo importante es que jueguen", comenta una de las integrantes de la pareja española. 
Poco a poco, se le ha ido dando la vuelta a la fotografía. ¿Y la alemana? Los sectores feministas reclaman que es igual de opresor el bikini que el burkini. 

Teóricamente, nuestro eurocentrismo nos hace alarmarnos al ver una mujer tapada hasta arriba, pero digiere como algo normal el bikini. La pura realidad que vería un marciano, o todo aquel que consiguiera elevarse ligeramente de los yugos culturales, es que la mujer, considerada como un cuerpo escultural canónico o como la impureza con patas, es objeto manipulado del sistema.

Ante el grado de polémica alcanzado, ambas jugadoras han reconocido públicamente que se visten libremente y no obligadas por nadie. Entonces, ¿quiénes somos nosotros, tanto hombres como mujeres, para juzgar la vestimenta ajena?

Resulta que el problema va más allá de la vestimenta, de las formas. Nos quedamos con el envoltorio. Lo que realmente debe preocuparnos es si aquellas mujeres que admiten con orgullo ser libres no son más que esclavas de una sociedad, cultura o religión que les hace creerse libres, ya sean occidentales u orientales.
Es por este motivo por el que se está comenzando a cuestionar en ciertas playas europeas el uso del burkini y no, por ejemplo, del topless femenino, de la ya en desuso cofia  católica o de la túnica budista tibetana. Es la libertad de expresión y el libre desarrollo de la personalidad, como afirma Santiago Navajas, lo que se persigue. Que todas las mujeres tengan capacidad de decisión sobre su vida, su vestimenta y sus actos.

Por tanto, el verdadero quid de la cuestión va más allá de las discusiones y diferencias sobre el burkini y el bikini. Ese toma y daca no es más que un peloteo, un mero juego, como el voley playa.


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