10/7/16

Una incómoda visita

Las visitas nos alteran. No suelen gustarnos. A desgana, preparamos nuestras mejores galas, el mejor rincón de nuestra casa y una más que forzada sonrisa para recibir al visitante. Por su parte, el invitado esboza la misma expresión, nos obsequia con algún detalle, con el que intenta mostrar su falso agradecimiento, y se prepara para gastar un determinado tiempo (del que, normalmente, no dispone) en casposas y estériles conversaciones, con las que cumplir con el compromiso de compartir un eterno rato juntos y así reafirmar la relación estrecha que une a las dos partes. Y esto ocurre siempre: da igual que el invitado sea familiar, amigo, compañero de trabajo o Presidente de los Estados Unidos.







La visita de Barack Obama a España es la primera de un presidente yanqui a nuestro país 
desde hace 15 años. Probablemente, este haya sido el peor momento de los últimos tres lustros para realizar tal viaje.

Para empezar, la visita se produce en el ocaso del gobierno de Obama, a tan solo seis meses de dejar el cargo. Por otro lado, el presidente de nuestro país, Mariano Rajoy, ejerce el cargo en funciones desde el pasado diciembre, y todo parece indicar que lo seguirá siendo hasta las próximas navidades, cuando se celebren las terceras elecciones generales en menos de un año. Un encuentro entre un presidente a punto de ceder su puesto y otro en funciones (y con numerosas posibilidades de no volver a serlo) para "hablar de futuro y asuntos bilaterales" es, cuanto menos, débil y de poca relevancia en el devenir de ambos países.

El viaje de Obama, su encuentro con Felipe VI, Rajoy, y los tres representantes de la oposición (con los que se ha reunido fugazmente en la base de Torrejón), no es más que una mera excusa con la que visitar a sus tropas y reafirmar su poderío en Europa. Rota is OK, Morón is OK, y a casa, que encima tengo prisa. Así se impone (o por lo menos, genera respeto) ante la Rusia de Putin y el integrismo islámico, uno de los temas "bilaterales" que salpican a ambas potencias.

Pero que no se engañe mister Obama, el principal enemigo hoy día de Estados Unidos es el conflicto interno racial que desde hace más de un año aparece y desaparece (como el Guadiana) en diversos estados de su país. La reciente matanza de Dallas pone en crisis el ideal de las barras y estrellas, y deja en evidencia el tópico de la "nación libre", de la que tanto han presumido sus presidentes desde hace décadas. Es por este motivo por el que el gobierno norteamericano ha decidido acortar más aún la visita a nuestro país, y descartar la visita a lugares tan emblemáticos de nuestra cultura, como es Sevilla y su pescaíto
Afortunadamente, Obama tampoco se está perdiendo gran cosa, pues ni España misma demuestra amar su cultura. Mientras el Air Force One sobrevuele el Atlántico, nosotros seguiremos mofándonos de la muerte de un torero o manoseando a cualquiera en Pamplona.

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