16/2/16

Lazarillo y Humanismo

1 de octubre de 1517. Aparece, clavado en la fachada de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, un documento. En él, un desconocido hasta el momento, Martín Lutero, ha redactado 95 argumentos que critican duramente la Iglesia y su organización, a la cual tacha de anticuada, atrasada y abusadora.
Lutero fue automáticamente excomulgado y expulsado del cristianismo por sus ideas, juzgadas de herejes. Una pequeña astilla más que se clavó Roma.

La anécdota anterior no ha sido más que un determinado momento de la vida de un hombre perteneciente al Renacimiento. Pero no al Renacimiento típico, el estudiado en las escuelas desde bien pequeño. Hablamos del Renacimiento más rodado, el Humanismo ya adulto, sin apenas grietas. Esto es el poder del avance en estado puro. El hombre avanza y Europa le sigue.






Lutero lleva al extremo las ideas de un coetáneo suyo, Erasmo de Rotterdam, quien, entre otras cosas, realizó una traducción del Antiguo Testamento que dio pie a pensar de forma diferente, a verlo todo desde otro punto de vista. Esta traducción, y sobre todo, las ideas que transmite, se propagaron rápidamente por todo el viejo continente.

A mediados de siglo, toda Europa estaba plagada de planteamientos erasmistas y humanistas, que abogaban por la crítica más directa al clero y su corrupción, a la superstición y falta de conocimiento racional, y sobre todo, a la superficialidad de la práctica religiosa. La Iglesia se estaba convirtiendo en el punto de mira de todos los “nuevos” hombres.

El Papa y los obispos comenzaron a sentirse duramente atacados (principalmente porque no llegaban a apreciar que se trataba todo de una gran crítica constructiva). Los altos cargos se refugiaron en el poder de la monarquía como único método para frenar las avanzadillas luteranas, erasmistas, calvinistas, …

Pero vamos a focalizar la historia en España y cómo abordó ésta tales insurrecciones. Desde 1544, Felipe II fue adquiriendo poder y cargos de su antecesor, Carlos I, quien por diversos motivos, no podía llegar a todos los frentes como rey. Felipe II desde bien pequeño recibió una educación erasmista, precisamente con la intención de que llegara al trono con unos ideales renovados y diferentes a los de sus predecesores. Pero cambió de opinión, y la década de 1550 fue un auténtico desvarío, que concluyó con la firma de la Pragmática Sanción (1559), documento que prohibía estudiar fuera del territorio y recibir influencias de ninguna corriente ajena a la impuesta y ejemplificada por la Corte, el catolicismo.

Es precisamente en esta década donde nos detenemos. En los años antecedentes a 1559 se vive la máxima expansión del luteranismo en España, y prueba de ello son las obras y composiciones encontradas en tales fechas. Cabe destacar, por encima de todo, un libro, impreso en Medina del Campo, allá por 1554. En él, un autor, que no firma su obra, narra la vida de un joven que, a través de descripciones de los amos para los que trabaja, critica la Iglesia, su actitud y sus vicios. Así es, hablamos del Lazarillo de Tormes.

Lázaro de Tormes pasó su juventud atendiendo a varios hombres. No es casualidad que de esos, la mayoría pertenecieran al mundo clerical (capellán, buldero, fraile, clérigo, …), y menos casualidad es aún que de estos, ninguno siguiera un estilo de vida adecuado a lo que habían pactado y jurado.

Así pues, mediante sátira, picaresca e ironía, el Lazarillo pone a cada uno en su sitio. No tiene pelos en la lengua. Critica tanto al mundo eclesiástico, por sus vicios y métodos, como a la sociedad, por no actuar, por seguir en la línea y no cambiar.

Por tanto, podríamos decir que nuestro personaje es totalmente humanista, erasmista, o simplemente, un hombre del Renacimiento. Pero, ¿a qué se debe? El autor, quienquiera que fuera, pinta a Lázaro como una persona que nace en el fondo, y que para poder sobrevivir debe luchar, trabajar y afrontarlo todo desde un punto de vista diferente. Lázaro es el ideal de hombre humanista, que desde lo más profundo, surge y describe lo que ve como algo que ya no es normal para su época.

Una obra así, como era de esperar en aquellos tiempos, no tardó mucho en ser confiscada y prohibida por los tribunales inquisitorios. Hasta el siglo XIX no fue posible encontrar el libro entero, y muchas ediciones del siglo XVI desaparecieron.

Mucho se ha especulado sobre la autoría del Lazarillo. Desde Francisco Cervantes, Juan Maldonado, Luis Vives, incluso Fernando de Rojas, quien unos años antes habría escrito (en principio) La Celestina.

Tanto enigma sobre el autor se debe a que es evidente que el escritor fue un humanista, pero, ¿quién? España en ese momento estaba plagado de intelectuales y gente con esos ideales, capaz de escribir una obra de tal calibre. Por miedo al poder inquisitorial y al Rey, probablemente no se firmaría la composición.

Otra hipótesis, bastante parecida, es que el Lazarillo de Tormes fue escrito por un clérigo, el fraile Juan de Ortega. Su condición de hombre de la Iglesia le hacía imposible aceptar la autoría de tal “misil” al catolicismo, y por tanto, realizó la composición de forma anónima. Si esta teoría fuera la real, estaríamos ante un hombre de dentro del mundo episcopal que digirió las ideas erasmistas como una crítica constructiva, aceptándola y difundiéndola. Un auténtico hombre humanista.

Por último, cabe añadir que lo que llama la atención del Lazarillo, lo que lo ha hecho tan famoso, es que cuenta una historia creíble, real, fuera de las entramadas historias amorosas o de caballerías propias de la Edad Media. Mediante argumentos mucho más simples, el autor, un auténtico genio, transmite mucho más. Ahí la grandeza del Lazarillo de Tormes, de la novela picaresca, y del Humanismo y sus corrientes.



"No hay espejo que mejor refleje la imagen del hombre que sus palabras."Juan Luis Vives

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